( Houston we got a problem )
« Dale, yo vengo a publicar esto porque se me viene en gana, y porque es —fue— el cumpleaños de mi Espo, Mariana. Y, my gosh, me avergüenzo mucho por no haberlo publicado la fecha correspondiente, pero es que coño, la escuela me tiene acorralada y blablabla. Ahora, volvamos al regalo.
Si, un Robsten –orgasmo- y creo (espero) que haya quedado… decente. ¿Por qué? Bueno, porque es el primero que escribo –nervios- y tan sólo me atreví a hacerlo porque, repito, es para Mariana. Espo, tú sabes que te quiero, te aprecio, y que prometo follarte por el resto de mis días, por los siglos de los siglos, amén. Espero que te la hayas pasado excelente, tomando, fornicando (?) y ligándote chicos lindos/follables por mí *0*. Aún recuerdo que te prometí unos tacones rojos de prostituta (?). Sólo espéralos :A.
Espero te guste esto bitch. (Y no. Coño no, esta cosa no está basada en Fearless de la Swift. Es en serio, no es sarcasmo; es tan sólo el puto título, joder :A).
Muchas gracias a mi otra espo, Analu, por betearme esto. Te adoro, whore. n.n
« Dale, yo vengo a publicar esto porque se me viene en gana, y porque es —fue— el cumpleaños de mi Espo, Mariana. Y, my gosh, me avergüenzo mucho por no haberlo publicado la fecha correspondiente, pero es que coño, la escuela me tiene acorralada y blablabla. Ahora, volvamos al regalo.
Si, un Robsten –orgasmo- y creo (espero) que haya quedado… decente. ¿Por qué? Bueno, porque es el primero que escribo –nervios- y tan sólo me atreví a hacerlo porque, repito, es para Mariana. Espo, tú sabes que te quiero, te aprecio, y que prometo follarte por el resto de mis días, por los siglos de los siglos, amén. Espero que te la hayas pasado excelente, tomando, fornicando (?) y ligándote chicos lindos/follables por mí *0*. Aún recuerdo que te prometí unos tacones rojos de prostituta (?). Sólo espéralos :A.
Espero te guste esto bitch. (Y no. Coño no, esta cosa no está basada en Fearless de la Swift. Es en serio, no es sarcasmo; es tan sólo el puto título, joder :A).
Muchas gracias a mi otra espo, Analu, por betearme esto. Te adoro, whore. n.n
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Fearless
«Quiéreme, bésame,
Canta para mí lo que nunca te oiré pronunciar»
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Kristen tiene miedo. (¿De qué?) De la prensa, del mundo, de ella misma.
Sus ojos verdes se ocultan tras sus perfectas pestañas y esconde el rostro tras su hermosa cabellera. Juega a no conocerlo, y lo mira con una sonrisa de perlas bailando en las comisuras de su boca, pero da media vuelta y respira profundo.
Y piensa. (¿En qué?) En él. (¿El qué?) No, no el qué. El quién.
— Kristen —la llama. Y se le derriten las piernas.
«Robert, Robert, Robert.»
Y entonces comienza. (¿Qué cosa?) Todo.
Y le gusta —a ambos—, por que lo son todo, y nada.
Son ojos azules y verdes. Son manos tomadas bajo la mesa, (son besos susurrados en la oscuridad de los pasillos). Son caricias, sonrisas y lágrimas, ( la inseguridad, la confianza. Gemidos, pequeños quejidos). Son sexo contra la pared, (son hacer el amor en un cuarto de hotel).
Y hay noches en las que Kristen se siente cansada, harta (e irritantemente enamorada).
Porque cuando él entra en su habitación, es el inicio («Kristen, cariño») y ella sonríe, —se lanza a sus brazos— y lo besa. («Robert») y la calidez se mezcla en ese frágil suspiro. Siente que se le atora ese nombre en la garganta porque no debería decirlo, y sin embargo no hay nada de malo en ello. Pero mientas ella lo besa, siente que así es como debe ser.
(No obstante, algo ahí, en esos besos, en esos roces, es agridulce, incorrecto; el «no debo, no puedo» de sus frases diarias, la incertidumbre, su propia inseguridad. Es el saber que después de esa noche todo será reducido a un roce de labios, y al día siguiente todo será un sucio secreto, y varias miradas furtivas de reojo).
Hay momentos, chiquitos y confusos, en los que Kristen tiene miedo (también) de tanta atracción. Tiene miedo de él (de Robert). De su cobrizo cabello, de su blanca piel, de sus rosados labios. De cada lunar, de cada cabello, de cada parte de su anatomía. De su carisma, de su risa, y de su provocativo acento británico. También, y mucho más, de sus sentimientos.
(Pero entonces Robert nota el ceño fruncido de Kristen —¿Qué ocurre, cielo?— y comprende lo que sucede. Se enfada. Frunce las cejas, tensa la barbilla y se separa, se aparta. No puede creer que esas dudas sigan ahí, burlándose de él, y llenándolo de angustia).
— Sigues con eso.
Y ella se rompe. Cae en la impotencia.
— Lo siento.
Él calla. (Y ella lo mira).
— No tiene porque ser así. Sabes lo que siento… Estoy seguro de ello.
Se abraza a sí misma. (Vuelve el miedo, y desea que sean otras brazos lo que se hallen rodeándola).
— Yo no —su voz de niña tiembla. Y Robert cede. (Como siempre).
La atrae hacia él y perdona sus dudas, cura su miedo. Y Kristen se siente completa de nuevo.
Porque no importa si son segundos u horas. Esa piel se extraña, y le es imposible el no hacerlo. Porque es suave, cálida. Reconfortante. (Porque esa piel es la que la cubre, la defiende; la que la protege de sus propias dudas). Y Kristen ahora está segura. Lo está mientras se encuentra en los brazos de Robert. Cuando está con él, a su lado, el único miedo presente es el regreso de la inseguridad, de las dudas (el salir en público y no tener su mano alrededor de la de él).
Pero Kristen vive el momento su lado. Aprovecha su actitud de adolescente enamorada y disfruta de sus sonrisas estúpidas. Bebe de la boca de Robert y canta, y ríe, y danza alrededor de él. Se acompasa a sus pasos de, como si fuera la luna, satélite natural de este planeta Tierra.
Kristen (re)nace en los instantes que Robert mata su miedo, (como un príncipe británico) blandiendo una espada.
(Y le encanta), a Kristen le gusta.